miércoles, 12 de octubre de 2011

justo cuando creias que era seguro volver al internet

si, ya se... que repetición tan mamerta, que vuelva que vuelva... bueno ya volvi. mentiras, volvi a este espacio, y luego de ganar un poco de publicidad he decidido volver para completar la publicación del resto del "acumulado literario" (los del fondo, no se rian) y contuinuar con mas una vez termine siguen habiendo muchas ideas, en forma de servilletas de comida, manteles y cualquier trozo de fotocopia mal parqueada, asi que a menos que el 2012 se me adelante tendran mas historias escabrosas para su deleite... asi que que tal esta?
de un origen obvio, en un deporte obvio, basada en el obvio triunfalismo que tenemos en la médula...
espero que les guste, y si no pues espero que tambien...

este va dedicado a todos los que son capaces de morir por una pasion.


Un partido cualquiera

Ese día las clases fueron las mismas clases de siempre, no pasaba nada, un miércoles cualquiera, a mitad de periodo escolar, ya era la ultima clase y lo único que queríamos era salir a jugar fútbol un rato con la pelota nueva que había traído Suárez, dizque aprobada por la FIFA o algo así. El caso es que por fin salimos y el sol de media tarde amortiguaba su calor dejando el clima perfecto para jugar, como no nos dejaban jugar en la cancha de pasto porque había que llevar todos los juguetes, jugamos entonces en la cancha de cemento, éramos 15 porque habían venido 3 de otros cursos también para jugar. Decidimos que Torres y Fonseca partieran, ellos eran los mejores jugadores entre todos nosotros y asi garantizábamos que los grupos fueran parejos. Empezaron a pedir comenzando por los que eran del equipo de campeonato, por supuesto que yo aunque no este en el equipo por lo menos me defiendo y creo que lo hago bien, me llamaron a la mitad para que hiciera de marcador derecho. Ya nos repartimos 7 a 7 y vimos que el ultimo que quedaba era Ramírez, ah, el petardo de Ramírez, a veces nos preguntamos si es que tiene algún problema en las piernas, es el jugador mas torpe que puede haber por estos lados. Torres y Fonseca se miraron con cara de preocupación el uno al otro, sabían que el que se quedara con Ramírez, este se convertiría en un estorbo mas que como jugador, entonces decidieron rifárselo con una moneda, “gano” nuestro equipo, para el de Torres, bueno, esperemos que no la embarre esta vez.

Empezamos a jugar, empezaron los otros anotando el primer gol, llego por el lado izquierdo del arco y aunque Ramírez trató de interponerse entre el pase al delantero s, simplemente se limitó a levantar la pierna, en conclusión: el gol fue su culpa. Ya habían empezado 40 minutos de juego y no avanzábamos nada, no podíamos, y Ramírez no era de mucha ayuda. Ya todos ibamos a terminar el partido para irnos a la casa cuando otra vez por la misma jugada Gamboa se la trató de poner a Castro por el lado izquierdo cuando Ramírez llegando desde atrás de Gamboa le pegó a la pelota yendo directo a la esquina superior donde solo los ángeles pueden evitar el gol, si no supiéramos que Ramírez era Ramírez lo pudimos haber llamado golazo, pero el problema era que fue un autogol y fue entonces cuando un gruñido nos hizo a todos ver a Torres, estaba rojo de la ira con las venas brotadas y los ojos también igual de rojos, los puños se veían como si tratara de romper el viento, entonces corrió hacia Ramírez, lo derribó y le empezó a pegar en la cara, Ramírez con lo escuálido que era no trató de defenderse. Torres estaba desquitando toda su ira hacia el pobre Ramírez mientras decía cosas como:
- ¡Hijueputa!, nos jodió el partido, malparido, ¡bueno para nada!, mire lo que hizo, lo quiero fuera perro, ¡no lo quiero volver a ver por aquí!
La sangre en la cara de Ramírez no desanimaba a Torres que seguía pegándole, entonces por los nudillos cansados cogió a Ramírez del pelo y comenzó a estrellarle la cabeza en el piso, ya la mirada de Ramírez parecía suplicar y al tercer golpe escuchamos un crujido y un charco de sangre se empezó a formar en el lugar donde estaba la cabeza de Ramírez, la mirada ahora vacía de este se dirigía hacia su agresor, fue lo ultimo que vimos de Ramírez. Torres paró de golpearlo y empezó a ver sus manos cubiertos de sangre.
Todos nos quedamos callados, no sabíamos que hacer, en los 5 minutos que parecieron 100, el vigilante leyó la escena, esta no había cambiado en absoluto y nadie se había movido de su sitio. La policía llegó una hora después, nos interrogaron a cada uno y nos dejaron ir; se que Gamboa y Cruz van al psicólogo cada semana, en cuanto a Torres se que en la correccional no lo dejan jugar fútbol, lastima, porque me quede con el balón de Suárez pero no lo quiero ni ver, lo mas seguro es que se lo regale a alguien que entienda que aunque perder un partido es malo siempre tendrá el mañana que Ramírez no tuvo.

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